"Dejad que los niños se me acerquen. No se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino como un niño, no entrará en él". Y abrazaba a los niños y los bendecían imponiéndoles las manos. (Mc 10-13:16)

Cada vez que veo y miro a un niño y el me mira, veo lo que él ve, o mejor dicho, veo desde donde él ve. Me doy cuenta de que ese estado de Testificación es natural en los niños. Están absorvidos por lo que ven en el mundo pero no lo están por la mente parlante del adulto, la mente de mono como se suele decir. Están tan enfrascados en el momento presente que hasta se olvidan de sí mismos. Los niños pequeños se me quedan mirando por mucho tiempo como si supieran que sé cual es su secreto y es que realmente lo sé. Ellos y Yo no somos dos.

Luis Granados.