miércoles, 2 de febrero de 2011

El Reino de los Cielos 

Qué increíble es cada momento. Qué innegable: esto es estoesto está aquí, y esto es ahora. 

Qué privilegio sentarme aquí y contemplar, con estos ojos que no son realmente “míos”, el despliegue del mundo entero.

Y no es necesario, para ello, realizar ningún esfuerzo ni poseer ningún conocimiento. Esto no es algo que pueda ser alcanzado.

Esta es la presencia completamente obvia, a obviedad completamente presente.
¿Cómo he podido olvidarme de esto?

El mundo simplemente aparece. Nada que hacer, absolutamente nada que hacer. Todo es ya la liberación que se busca.

Qué perfecto es este despliegue instante tras instante. Dolor, placer, alegría, sufrimiento, el fascinante despliegue de los opuestos, el gran juego de la vida, todo se despliega ahora, ahora y ahora, sin nadie que lo atestigüe. Cualquier testigo, en realidad, forma ya parte del despliegue.

No necesitamos negar nada. No necesitamos negar el dolor, el placer, el yo, el no yo, buscar, no buscar, la iluminación o cualquier otro concepto. De ningún modo. Todo es aquí bienvenido. Todo aparece sin el menor esfuerzo. No hay volición ni falta de volición, no hay elección ni falta de elección, no hay destino ni ausencia de destino. Nada que hacer, ningún lugar al que ir, nada que decir y nadie que pueda decirlo.

Pero las palabras, como siempre, llegan. El misterio sagrado es de dónde llegan.

Y, más allá de todo, ningún deseo de “descubrir” el misterio.

Si hay búsqueda, está muy bien (aunque no haya nada que encontrar).

Si hay dolor, también está muy bien (aunque nadie lo sienta).

Si hay frustración, también está muy bien (¿qué es la frustración cuando no es conocida como tal?).

Todo, sea lo que sea, está muy bien. Y el deseo de que esto no sea como es parece distraer, aunque la supuesta distracción también está muy bien.

Todo es ya perfecto y el juego se acomoda a todo.

Aunque el juego no sea visto como juego, está muy bien. No hay nadie. En ningún lugar, que pueda ver el juego como tal. Y si lo hubiera, formaría también parte del juego.

Nosotros ya estamos aquí nunca hemos dejado de estar aquí. Quizá nos hayamos confundido un rato. No importa. Estamos aquí y todavía es ahora. Esta evidencia jamás nos abandona.

La respiración.
El latido del corazón
El frío en las manos.
La sensación de hambre en el estómago.

Todo es aceptado. Todo está permitido. Todo es posible.

Todo emerge ya espontáneamente. Todo es aceptado ya por nadie. Esto es precisamente el amor incondicional, aceptación sin condiciones. Aceptación de toda manifestación. Y esto ya es cierto para todos nosotros. Todo está ya aceptado, porque todo emerge espontáneamente y sin el menor esfuerzo. Cualquier esfuerzo de “aceptar” negaría la aceptación que somos.

¡Qué hermoso es esto, instante tras instante! ¡Qué impredecible, qué misterioso y qué emocionante!

Los colores de las hojas de otoño.
El crujido de las hojas bajo mis pies.
El frío del viento.
El rocío en las flores.
El murmullo del tráfico.

¿Por qué buscamos el cielo cuando continuamente estamos en él? El reino de los cielos en medio del dolor, en medio del luto, de la muerte y de la guerra, el reino de los cielos tanto en los buenos como en los malos momentos. La búsqueda implica que el cielo está en otra parte, en otro lugar, en otro tiempo. Y eso también está bien. Eso también es el cielo.

¿Por qué buscar? El cuerpo se marchita. De hecho, ni siquiera estamos seguros de que sobreviva otro día. Ni siquiera otro instante. Este podría ser nuestro último momento. Realmente no lo sabemos.

Este podría ser tu último momento. ¿Pero qué seguir buscando? No hay nada equivocado en ello. Pero ¿qué estás buscando? ¿Y cuándo lo encontrarás? ¿No podría lo que estás buscando hallarse ya frente a di, literalmente delante de tus ojos?
¿No te parece eso posible?

Y sus discípulos le preguntaron:

¿Cuándo llegará el reino?
Y Jesús replicó:
No vendrá como las personas esperan;
No dirán "Mira aquí está"ni "Mira, ahí está",
porque el reino de los cielos
ya se extiende por la tierra,
pero las personas no lo ven.

Más allá del Despertar de Jeff Foster

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