domingo, 20 de febrero de 2011

No hay palabras para el Amor

¿Puede la Verdad ponerse en palabras? 
Sí, pero las palabras no son la Verdad. 
Sólo apuntan a ella.


La verdad es inseparable de nosotros mismos.
Sí, usted es la Verdad. 
Si la buscamos en otra parte, sólo encontrará desilusión.

Ese Ser que somos cada uno de nosotros es la Verdad. 
Jesús trató de comunicarla cuando dijo,
"Soy el camino, la verdad y la vida".

Estas palabras de Jesús apuntan poderosa y directamente a la Verdad, 
cuando las interpretamos correctamente. 
Sin embargo, si las interpretamos equivocadamente, 
se convierten en un gran obstáculo.

Jesús habla de ese "Yo Soy" más profundo,
de la identidad esencial 
de cada hombre y de cada mujer, 
de todas las formas de vida en realidad. 

Se refiere a la vida que somos. 
Algunos místicos cristianos han hablado del Cristo interior; 
los budistas hablan de nuestra naturaleza de Buda; 
para los hindúes es atman, el Dios que mora en nosotros. 

Cuando estamos en contacto con esa dimensión interior 
(y estar en contacto es nuestro estado natural,
no un logro milagroso) 
todos nuestros actos y relaciones reflejan 
la unicidad con toda la vida que intuimos en el fondo de nuestro ser. 
Ese es el amor. 

Las leyes, los mandamientos, las reglas y las normas 
son necesarias para quienes están separados de su esencia, 
de la Verdad que mora en ellos. 
Sirven para prevenir los peores excesos del ego 
y a veces ni siquiera eso logran. 

San Agustín dijo, "Ama y haz tu voluntad". 
No hay palabras que se acerquen más a la Verdad que esas.

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